marzo 23, 2009

Entre ser un clase media y parecerlo

Tenía con mi esposa la siguiente discusión. Ella, que no es antioqueña, que ama a Colombia y la defiende cada que hablan en su contra, afuera, me ha dicho que su película nacional favorita es Apocalipsur, por ser muy norteamericana, muy rockerita y básicamente muy anti-colombiana. Esta contradicción es la que me hace postear el trailer de una filmografía que personalmente me disgusta. O sea, me refiero a la filmografía de Harold Trompetero. Con todo esto me reafirmo en lo que le dije a mi esposa con respecto a Apocalipsur: que en esencia Colombia no nos gusta, o nos gusta poquito, muy poquito, porque si nos gustara, nos gustaría el cine de Trompetero y el de Víctor Gaviria y el de Sergio Cabrera, gente esta última que ha logrado mostrar un pedazo de alma de eso que somos y lo somos bastante.

No sé si se trata de negarse a sí mismo, o de tener un chip distinto. Puede tratarse también de querer ser otro, de preparar el terreno para otra Colombia que podría ser y que a veces se asoma, pero que no es. Tal vez se trate de ser muy ciego o de hacerse el bobo y no querer ver, como no quieren ver todos esos institucionalistas que tratan de vender una sociedad colombiana como si fuera ideal, como si fuéramos por buen camino, como si en realidad nos estuviéramos pareciendo mucho a Estados Unidos, cuando en realidad distamos mucho de aproximarnos a una semejanza con ese gran país.

Por muchos Mcdonalds que construyan en esta bella platanera y por muy neoliberales que aparentemos trayendo exposiciones de Andy Warhol, nunca nos vamos a acercar siquiera a tener el grueso colchón de clase media que tienen los gringos. La clase media en Latinoamérica siempre va a ser tan gruesa como una sábana, porque pertenecer a la clase media es una cosa, pero ser de clase media es otra cosa, radicalmente distinta.

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