octubre 29, 2008

Cine posconflicto

Es martes a mitad de precio en algún lugar de la tarde. Centro comercial con ínfulas. Guerra mediática en los noticieros. Los indígenas marchan por la ciudad y el presidente eclipsa su efecto con un as bajo la manga. Los militares del país escandalizan con sus ejecuciones extrajudiciales y el establecimiento lanza la rueda de prensa de un ex secuestrado. Colombia olvida y olvida fácil.

Usted y su cita se muestran dubitativos, si botarle más plata a Cine Colombia o no. Para qué? La última vez todo salió como siempre sale con las películas colombianas: desenfoques del 30 y el 40 por ciento de principio a fin, banda sonora mal mezclada, mala proyección, tramas sin alma, gritos, vértigo, malas palabras, ediciones precipitadas, etc, etc.

Por demás, usted está estrenando televisor extra grande. Para qué? Para qué? usted se repite. Las horas no marchan bien. Para acabar de ajustar han cenado pesado, usted y su mujer. Demasiados carbs. Media libra de chocolates como postres. El exceso de ázucar siempre pone mal a cualquiera. Es que estos tiempos, esta edad... Y entonces, para salir estresado de un mal producto criollo, mejor no botar la platica.

Pero usted, es terco; le tiene compasión al esfuerzo local. Usted entra. Todo de lujo. Una guía lo acompaña hasta su puesto como si lo hubiera reservado. Sillas cómodas. Dónde será el primer punto de giro en esta aventura unicéntrica?

Suena el proyector. Empieza la cinta. Los créditos son modestos, humildes, a la usanza de antes. Por lo menos les hubieran metido más feelling. Es una clásica película colombiana. Los primeros diálogos suenan recitados. Los protagonistas son mimos, seres detestables que uno se encuentra en la calle, pues nunca hablan, no les interesa expresarse.

Pero algo pasa. Empieza a obrar una magia. Asistimos al surgimiento de un Jean Paul Belmondo en el histrionismo de Mario Duarte. Actorazo! La luz mejora. Se viene la emoción. Hay una escena inverosímil donde unos soldados dejan escabullir a los culpables. El director trata al ejército de Colombia por tontos. Todos sabemos que en realidad no es tan así.

Termina la peli. Diablos! Una película colombiana bien hecha, que se escucha a la perfección, que está editada al ritmo americano y que encima de todo te logra emocionar, QUE TE HACE SALIR RECONCILIADO DEL TEATRO!!! Nunca antes había pasado. De repente, te examinas y te das cuenta que te has reído todo el tiempo con LOS ACTORES DEL CONFLICTO, que lloraste, que sufriste, QUE TE ENTRETUVISTE! En fin: que de pronto hasta saliste siendo mejor persona.

Definitivamente una película sin precendentes en la cinematografía nacional.

No hay comentarios: