septiembre 27, 2008

Te amo Ana Elisa

Esta es una película salvaje, hecha para un país salvaje. Empieza en la oscuridad y termina en la oscuridad, con un leve atisbo de luz de vela al final. Todo es desesperante aquí. Uno entra con la depre al teatro y sale peor. De todos modos es un producto para consumo interno. Su factura es impresentable en una plaza extranjera. A mi modo de ver, su único formato adecuado es el 35 mm, pero parece hecha en video tres cuartos. Su buen ritmo y el excelente manejo de la tensión es opacado por la confusa paleta de colores. De lejos se nota que no hubo un trabajo de dirección artística muy riguroso y que quisieron corregirlo con la edición digital. Pero no. La película no se ve. La película se infiere, se sospecha, uno tiene que adivinarla a tientas. Empieza con unos créditos tipo "Seven", que te hacen pensar que vas a ver un thriller, pero terminas viendo una comedia con algunos logros. Buenas actuaciones. Pero me reafirmo: no hay esperanza en esta historia. Su pesadumbres y deleite estético no le alcanza para lo que debe conseguir toda película de cine: para glorificar al hombre.

De ver desastres sociales, mejor me quedo en casa escuchando a Caracol, mientras Martín de Francisco dice que la selección Colombia ha vuelto a perder por goleada.

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