julio 18, 2008

Yo soy otro


Una enfermedad tropical no identificada. Cali se convierte en una ciudad de pesadilla. Los habitantes que allí viven se transforman en habitantes siniestros. Un hombre, víctima del horror cotidiano, comienza a desdoblarse, a verse reflejado, de manera descompuesta, en los demás seres que lo rodean.

La violencia se convierte en un virus terminal que ataca a los hombres y los convierte en caricaturas deformes. 'Yo soy otro', el primer largometraje del realizador colombiano Óscar Campo, se sumerge en este viaje sin regreso. 'Yo soy otro' es la película de un autor. Es una película de género (fantástica, de horror, como se quiera) pero, al mismo tiempo, es una película profundamente colombiana. Por estos días, es frecuente el debate acerca de si es "ético" el hecho de que el cine y la televisión se nutran de nuestras violencias cotidianas como punto de partida para estructurar sus historias. Yo no estoy en contra.

El problema es cómo se muestra esa violencia. Pienso que nos estamos saturando, no del tema, sino de la manera (realista, obvia, anecdótica, costumbrista, oportunista) como se cuentan los temas de nuestros nuevos mitos sociales. 'Yo soy otro' es una película sobre la violencia en Colombia, pero contada desde la perspectiva de sus consecuencias interiores, individuales. El horror es un telón de fondo. No es una película complaciente. Es una película perturbadora y, al mismo tiempo, hermosa, de gran fascinación visual, intensa y positivamente incómoda. Llena de referencias a grandes clásicos del género, 'Yo soy otro' le rinde sendos homenajes a directores como David Cronenberg ('Parásitos asesinos', 'Dead Ringers') o a películas tipo 'Los usurpadores de cuerpos' (en sus cuatro versiones, vía Siegel, Kaufman, Ferrara y Hirschbiegel).

Tiene ecos de grandes momentos de la literatura fantástica (Stevenson, Borges, Sabato) y mezcla elementos del documental, formato en el que Óscar Campo ha tenido grandes realizaciones. Hay además una línea coherente entre sus primeros trabajos ('Valeria'), pasando por sus impactantes y premiadas realizaciones en video ('Un ángel subterráneo', 'El proyecto del diablo', 'Noticias de guerra'...).

Dueño de una capacidad un tanto sobrenatural para sumergirse en el universo del miedo y del terror, Óscar Campo consigue con 'Yo soy otro' construir un Cali desorbitado, una realidad que se transforma frente a nuestros propios ojos, un universo 'tecno' de apariencias siniestras que atemoriza y, al mismo tiempo, fascina. No creo que haya otros referentes inmediatos dentro del cine colombiano que se parezcan a la ópera prima de Campo.

Es una película que trasciende nuestras fronteras inmediatas, la cual se enfrenta, desde una perspectiva muy inteligente, con la gran paranoia del siglo XXI: la de los hombres rotos, la de la violencia y la intolerancia, la del terrorismo y la de nuestra naturaleza salvaje. 'Yo soy otro', jugando con una célebre frase de Rimbaud, es una especulación sin contemplaciones frente a la resistencia del mundo para que haya comprensión con lo que tenemos al frente. El protagonista, José González, es al mismo tiempo otros nombres (Redondo, Grace, Bizarro), apenas se da cuenta de que es víctima de la litomiasis, una enfermedad que finalmente lo desboca, lo convierte en un fantasma que deambula dentro de sus propios horrores y convierte la realidad en un infierno fractal.

'Yo soy otro' consolida, por lo demás, el renacimiento del cine realizado por directores vallecaucanos. Junto con 'Perro come perro', 'Satanás', 'El sueño del paraíso', 'Los actores del conflicto', 'Un tigre de papel', esta película entra a formar parte de una galería de filmes importantísimos para la cultura colombiana, más allá de las inmediatas referencias, las coyunturas políticas o los chistes de un solo sentido.

Bienvenido 'Yo soy otro' a las pantallas colombianas. Es muy probable que el público encuentre que ese otro, ese demonio que le susurra al oído, ahora se encuentre entre nosotros.




Sandro Romero Rey

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