julio 06, 2008

Un muerto que se explica a sí mismo (VERSION SIN EDITAR)

Todo el mundo sabe que una obra humana nunca queda acabada. Mucho menos una pieza textual y es extraña esta relación que uno entabla con los editores de las revistas. Al final el escritor termina escribiendo el artículo original en sus apuntes hiper privados y publicando un puñado de marcianitos. Así pues, ésta no es más que una versión terrestre de los cientos de textos que yo escribo al mes. La marciana para mí es la otra, aunque todos sabemos que siempre llevamos un E.T. adentro:
El artículo de la número 2 LEVEL MAGAZINE



WRITER'S CUT:
El Che Guevara,

un muerto que se explica a sí mismo


Decía E. M. Cioran que las palabras y conceptos, que se repiten demasiado, quedan vaciados de contenido, y ello podría explicar un poco lo que le hubiera podido ocurrir a la figura de Ernesto Guevara, más conocido como El Che. Cada camiseta inspirada en este revolucionario argentino, cada taza o cada película que se saca al mercado, va mermando esa cantera de ideas de lo que fue su proyecto y su hálito vital; hasta que llegue ese día, tan esperado por ciertos hijos del siglo 20, en que el Che ya no signifique nada, hasta que la estampa icónica aquella, de una cara en contra luz, con una boina y una estrella, sea un eco fantasmal de lo que pudo ser una utopía consumada.

Al respecto, bueno es citar al director estadounidense Steven Soderbergh, quien a propósito de su doblete Guerrilla y Argentino, ambas inspiradas en la figura del Che, diría desde Cannes: "creo que esta película debería poder funcionar sólo con las imágenes. Que tenga sentido sólo con la historia filmada. Para mí, hay un momento en el que el lenguaje no es tan importante como la historia. Es una cuestión de emoción". Y remata: "he querido dar con el 'Che' una visión que vaya más allá de la imagen reproducida un millón de veces en material textil, "dar una historia a la camiseta".

Y es que de toda la incesante marea de historias y producción intelectual que ha surgido después de su asesinato, se podría concluir que El Che fue más humano que los humanos. Y no es una apreciación personal ni subjetiva. Es una apreciación que se puede inferir a partir de lo que promulgan admiradores y detractores, especialmente en el cine.

En el cine, el Che ha sufrido asma; en el cine el Che ha fusilado injustamente a otros, como quien dice, en el cine y de pronto en la vida real, el Che no ha respetado la vida humana. En el cine, el Che ha debatido con un periodista del New York Times sobre cómo se debe asumir una revolución (CHE, Josh Evans, 2008). ¨¡Listen to yourself!¨, grita el Che cuando el periodista le sugiere que no haga una revolución tan frontal, que haga una revolución más a espaldas del establecimiento. En otras palabras, oímos decir al Che: ¨Escuchate a vos mismo, mirá, que si yo me pongo a hacer guerras secretas, termino siendo uno de ellos mismos; termino convirtiéndome en eso a lo cual estoy combatiendo. Por eso mi revolución tiene que ser abierta, expresiva y frontal; improvisada y primaria, porque no quiero ser como ellos¨.

Y así, del mismo modo, el Che se equivoca demasiado a través del cine, a través de los libros y a través de la tradición oral en general. Tal vez por eso, Ciro Bustos desde Suecia, y por medio del cine mismo en el documental Sacrificio, diría que tras 40 años de mentiras, lo único verdadero que ha sobrevivido de esta historia, como Jesucristo en la cruz, es precisamente esa cara del Che que vemos estampada en camisetas, en grafittis y en miles de publicaciones que se editan alrededor del mundo, año tras año.

Mejor dicho, una imagen y nada más. Sólo queda eso del Che. Pero qué más podría pedir el Che si hoy estuviera vivo. Seguramente no una referencia burocrática o tiránica como el de sus camaradas Raúl y Fidel Castro.

Según el cine, el Che sólo ha sido una víctima más de estos dos oscuros personajes, quienes lo han utilizado para catapultar la propaganda de su totalitarismo. Pero al Che, eso ya qué le debe importar. Si está muerto, si ya nada puede hacer, si ya no se puede explicar a sí mismo. Seguramente se decepcionó (¿salvó?) del comunismo aquel día mismo en que se sintió abandonado por Cuba en las selvas bolivianas. Ahí les dejo mi bello cadáver, parece estar diciendo en esas imágenes que la cultura de masas se ha encargado de proyectar en el telón de fondo de nuestros imaginarios colectivos.

El Che, pues, ha logrado derrotar a Hollywood. La meca del cine en su afán por invisibilizarlo, lo ha convertido en un anti héroe, lo cual para efectos prácticos, es la mejor manera de perpetuar una leyenda. Una muestra de ello es la negativa de los miembros de la academia ante la presentación de Al Otro Lado del Río, banda sonora de Diarios de Motocicleta, durante la ceremonia de los Oscar. Aquello se convirtió en el gran escándalo de ese año. El Che se apuntaba una moñona más desde su cielo y el autor de la canción hacía las veces de instrumento. La gran noticia para los latinoamericanos fue que la banda sonora de Diarios Motocicleta no iba durante la entrega de premios. Decían que no estaba dentro del libreto, que no había sido programada en labios de su compositor sino que, tal vez, en talentos de otro interprete de la ¨casa¨. En fin, un montón de trabas, de peros, un montón de american way style. No era una prohibición, pero al fin de cuentas, todo sabía a censura, pues en últimas, la canción se alzaría con la estatuilla aquella noche, y cuál pieza musical más merecedora de sonar en el evento. Y a lo mejor sí sonó, un trozo, reversionada quizá, pero no la dejaron brillar. La opacaron con sus corporativos, ¨Sí, pero…¨

Tal vez lo más interesante del mito del Che es el debate. Todos aquellos asuntos políticos que se ponen en juego cada vez que alguien lo ataca o lo defiende, algo que a él le debe estar causando risa, donde quiera que esté. Ya sabemos que esas cosas de los hombres son de la tierra y no de la divinidad y que el Che hace tiempo ya dejó la primera.

A la segunda, cada día la estamos construyendo para él. Mientras tanto, el Che debe estar en el infierno y lo vemos cada día en el limbo éste, del consumismo y de la mediatización. Así, el Che se ha convertido en la caricatura más fusilada en el cartel de los revolucionarios. Algo como ese freak de la clase que todos los alumnos traen a colación cuando están aburridos. De mártir comunista pasó a beatnik naif en Diarios de Motocicleta; de líder político, tras la cortina de hierro, pasó a grafitti en Chevolution, la rimbombante película documental de Luis Lopez y Trisha Ziff; de pibe clase-mediero en Rosario, pasó a barbárico Robin Hood en el aplaudido díptico de Soderbergh, (Cannes 2008).

Efectivamente, de símbolo hippie en los 60´s, el Che Guevara pasó a producto de consumo liviano en los conciertos de Rage Against the Machine de los 90´s. A ciencia cierta, la imagen del Che tal vez sea la última imagen perturbadora que haya pasado por MTV antes de que la estética-Enrique-Iglesias avasallara con todo. Lejos ha quedado, pues, esa fascinación que cuando chicos ejercía sobre nosotros la foto tomada por Alberto Korda, pegada en el vidrio de alguna ventana setentera: ¨Papi, ¿quién es ese señor que hay en esa foto?¨, ¨Oh, nadie importante, hijo. No te descuides y sigue mirando hacia delante, hacia los 80´s, hacia las décadas que vienen¨.

Por demás, el Che era un hombre muy relajado. En los innumerables videos que se pueden encontrar en YouTube, uno puede escuchar de parte de sus críticos más acérrimos que el Che no se bañaba, que el Che no sabía de estrategia militar, que era un bruto para organizar a sus tropas, lo cual es confirmado en sus biografías cinematográficas.

La primera secuencia de Diarios de Motocicleta, quizá la cinta mejor lograda de este anormal latinoamericano, nos habla de un muchachito que se larga a andar por la carretera sin más metodología que la improvisación. También, en la ya susodicha película de Josh Evans, nos muestran a un comandante que es objeto de burlas por la mujer que lo deseaba y lo amó, pues su objeto del deseo nunca se bañaba.

Le decíamos El Chancho, dice uno de sus pasionales enemigos en el documental, El Che, Mito y Leyenda. Incluso hasta sus más guevaristas admiradores también se tomaron su tiempo para hacer énfasis en este aspecto de la personalidad del Che. Es el caso del libro más emblemático de cuantos se han escrito sobre él. Se trata de ERNESTO GUEVARA, también conocido como EL CHE, de Paco Ignacio Taibo II. En esta biografía se arranca con una enumeración de los desaseos más determinantes del líder revolucionario, en los cuales se resalta aquella foto de sus botas siempre a medio amarrar y con los cordones mal puestos. Algo que sin duda significa mucho hoy para quienes cuentan las historias de un mundo contemporáneo cada vez más proclive a llevar las botas bien puestas.

El Che por su parte nunca fue un hombre tendiente a ello. Por el contrario, en las películas, siempre se nos muestra como un hombre amigo del error, un poco autodestructivo y anarquista a la vez. Los suecos Eric Gandini y Tarik Saleh se burlaron de esta condición pública, construcción anglo de un Ernesto Guevara pop, en el ya citado documental, llamado Sacrificio. El leit motive es una banda sonora que está repitiendo todo el tiempo: revolutionary people are not normal people, como quien dice, los revolucionarios no son normales, están por fuera del común, son la excepción, los revolucionarios son monstruos, raros, son peores. O mejor: los revolucionarios no son gente.

El Che por su parte tendría su propia visión de las cosas. En Diarios se nos muestra como un ser desesperado por volver a lo químicamente natural. Espantado ante el terror de un mundo dotado de una gruesa capa de cosas artificiales.

De todos modos, todo lo anterior no deja de ser una visión cinematográfica de lo que fue un hombre, pero también una materialización del carácter profético que tanto se le endilgaba en vida a sus palabras. Como una forma de anticipación a la manipulación de su proyecto, el Che trataría de zafarse de esta condición con una última frase cuando iba a ser ejecutado, (a propósito torpemente planteada en la película de Josh): ¨Póngase firme, capitán, usted va a matar un hombre¨, la cual en términos colombianos, el abajo firmante traduciría de la siguiente forma: ¨Póngase firme, agente. Usted va a matar a todo un varón¨.

No hay comentarios: