junio 19, 2008

Teorema de un suicidio


"Cuando miro alrededor y veo
la gente, pienso que en realidad Dios debe
tener algo en contra de nosotros"
 WERNER HERZOG.


Nadie sabe lo que le ha pasado al lector. Nadie sabe si el lector ha ido a una de esas películas de donde uno sale con la historia en la cabeza. O como diría Andrés Caicedo: una de esas películas que siguen entre ceja y ceja con el transcurso de las semanas. Una de esas películas, como la de un "mancito" que decide hacer un quiebre en su vida y viaja a Alaska a documentar la vida de los osos y al mismo tiempo, dizque a protegerlos. Nada de ficción. Puro documental. Aquí el man va es a lo que va, aunque, en el fondo, él sabe que lo que quiere hacer es una película. Mejor dicho: el man no tiene ni puta idea de lo que es real y lo que es ficción. Hace tiempo que ha perdido esa distinción.

Pero nosotros, en calidad de ávidos espectadores, nunca podremos afirmar que lo plasmado en un film pueda acercarse a la realidad. Lo que está plasmado en una película siempre será una representación de esa realidad, así como un espejo es la representación de la realidad, más no es la realidad misma. Y el héroe de Herzog, nuestro héroe, en el fondo lo sabe.Y entonces, el man pasa los años filmando a los osos y estableciendo una comunicación con ellos hasta el punto de convencerse de la aceptación, el entendimiento y la mancomunidad entre hombre y salvajismo.

Yo no sé, lector, si a usted le ha pasado. Pero a mí no. Mejor dicho; sí. Me pasó con Grizzly Man y hace tiempo no me pasaba con ninguna otra película. (Con el advenimiento de la edad he aprendido a zafarme de la capacidad de asombro). Diariamente me veo dos o tres películas y las contemplo con ojo clínico y ello ha hecho que el cine me sea, cada vez, más artificial. Lo mismo me pasa con la vida y con los libros. Puedo decir que, a cierto nivel, hay pocas cosas que parecen reales, o serias o insólitas; o increíbles con mayúsculas y con signo de admiración al final, como lo puede ser por ejemplo un ataque al corazón. Eso sí sería serio. Lo es. Un ataque al corazón es muy serio. Es real. Como dice el mismo Herzog: "los únicos idealistas son los niños".

Pero con esta película sí me pasó. Estuve las dos horas agarrado al brazo de mi mujer como si estuviéramos montados en un avión que se va a estrellar. Yo no podía creer que el co-realizador de la película, una persona cuarentona, inteligente y educada, llegue a ese grado de sensibilización autodestructiva y que, encima de todo, venga un genio como Herzog y haga una película de la película. Pasó en Estados Unidos. Hay que estar muy zafado.

Uno sale del teatro y la imágenes persisten en la cabeza. Pasan los días y la película sigue ahí. Un ex alcohólico que toda su infancia se la pasó durmiendo con un osito de peluche al lado. Pasan los años y trata de meterse en el star-system pero fracasa. Su sueño de volverse actor se va al tarro de la basura. Se vuelve alcohólico y funda una organización ecológica. Adora a las mujeres, pero tiene una novia. No puede ser promiscuo. Estamos hablando de un hedonista. Lo que dice y hace ante la cámara parecen las cosas que dice y hace un tío que se ha colocado. Agarra una cámara de video y ahí lo tenemos, en Alaska grabando a los osos grizzly, osos salvajes, osos con el instinto asesino a flor de piel. El mancito todo el tiempo está diciendo a cámara de lo sensible que él es, de todo lo preocupado que vive por la mano destructora del hombre. De cómo nos estamos cargando a la naturaleza.

Hasta ahí bien. Uno con la respiración contenida porque sabe que esos osos se lo van a merendar. Esos osos ya se lo han merendado. Pero uno está intrigado porque quiere saber cómo sucedió. Cómo es que alguien puede ser tan pendejo de creer que puede parceriar con los osos Grizzly y cómo es que Herzog pudo haber terminado un proyecto cinematográfico que no era de él: la documentación de una muerte.

La verdad es que las imágenes captadas por Timothil Treadwell son las imágenes de un verdadero artista. La belleza de los acercamientos a los osos en su ambiente natural no tienen parangón. Uno se queda con la boca abierta viendo la interacción de los osos frente al intruso de la cámara. Inolvidable el plano donde atestiguamos el combate cuerpo a cuerpo entre un macho y una hembra, con la narración y comentarios 'on of the record' del propio Timothy. Ni el mismo Kurosawa se hubiera soñado la composición de un plano como ésos.

Pero lo más interesante del documental es el momento donde Herzog decide tomar partido y abandonar su posición objetiva ante este drama. Herzog se inmiscuye. Deja de admirar la capacidad documentalista de Timothy para ejecutar su propio jalón de orejas y decirle a Timothy de lo equivocado que estaba en su visión de ecologista. Palabras más, palabras menos, Herzog asevera que en este mundo uno tiene dos opciones: o ver el vaso medio vacío, o ver el vaso medio lleno. Dice que la muerte y el caos son las dos leyes fundamentales de la existencia y que a partir de ahí nosotros tenemos que aprender a ser felices. A partir de hay todo es ganncia. Uno no puede andar rasgándose las vestiduras por la marcada tendencia a que todo se vuelva mierda, o porque nosotros seamos participes de esa decadencia. Así fue diseñado el universo. La anarquía y el aniquilamiento de lo creado son los motores que mueven a ese universo y los seres humanos lo llevamos dentro. Uhmm, interesante teoría.

El caso es que al final de Grizzly Man, uno queda con la sensación que Timothy Treadwell estaba muy aburrido con la vida y que que decide irse a convivir con los osos porque en el fondo estaba buscando el suicidio. La crónica de ese suicidio es lo que nos muestra Herzog.

Y como una forma de darle unos valores plásticos a ese suicidio, Timothy Treadwell hizo lo que hizo. Decía que él quería ser un oso, convertirse en uno de ellos, consustanciarse con el reino animal y transfigurar su "horrible" naturaleza humana en la de un dulce animalillo. Pues bien, uno de esas dulces criaturas fue la que lo pasó a guillotina. Y lo peor es que a la de su novia también. El piloto que los traía y los llevaba a Alaska, habla de unas dantescas imágenes de un oso comiéndose el tronco de una persona.

Las grabaciones de la voz de Timothy, y la de su novia mientras son cenados, son las que refuerzan el aspecto realista de la cinta. Una cinta que a fin de cuentas no se sabe de quién es. Porque había sido filmada por Timothy, pero fue editada por Werner Herzog. Los que aparecen en el roll de créditos son muchos.



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