junio 19, 2008

Pedro Almodóvar, fantasma de sí mismo



Que me perdonen sus fans, (que los tiene por millares en todo el mundo). Pero, qué director tan predecible se ha puesto el español Pedro Almodóvar. Nada queda del artista underground aquel, padre de la movida madrileña, quien había tomado las banderas del desmadre y quien las había llevado hasta las cimas más sublimes de la expresión humana. Y es que, Qué más se podía esperar en la carrera del diseñador de obras maestras- tan insuperables -como Todo Sobre Mi Madre (1999), Hable Con Ella (2002) y La Mala Educación (2004). Su última producción, VOLVER (2006), es el típico altibajo de un artista sensible llamado a salvar el barco de la cinematografía más prometedora de la contemporaneidad: la española. Y que me tiren a la hoguera por hereje, pero esta última obra no es precisamente una narración que se encuentre a la altura del que fuera denominado como el Padre de la Patria, por ibéricos tan consagrados como Alex de La Iglesia y Julio Medem.

VOLVER, es la sobrevalorada película de tránsito de un genio que pareciera hacer su trabajo sólo por el unívoco compromiso de cumplirle a una casa productora (SONY 2006) y a una fanática crítica especializada que lo sigue con misticismo. Se agradece del director manchego que se tomara su tiempo para poblar un universo, para ambientar a un espectador y para presentar a los personajes. Son una delicia los primeros veinte minutos de cinta, en la cual se nos muestra esa constelación de emociones poblada exclusivamente por corazones femeninos.

Lo que sigue a continuación, (después del primer punto de giro, cuando es asesinado el abusador), es un alegato de diálogos sexistas llevados a cabo en el desmadre de los más forzados intentos de ocultar su ánimo didáctico.

Se le agradecen a Almodóvar esas referencias al imaginario Juanrulfesco, casi Garcíamarquiano, de superstición y de quimeras. Se le agradece a Almodóvar ésos homenajes a Chabrol y a Hitchcock en las secuencias donde Penélope Cruz trata de deshacerse del cadáver. Se le agradece a Almodóvar el momento musical de la misma Cruz evocando a Gardel (versión flamenco precipitado) y, de paso, a toda nuestra melancolía latinoamericana. Pero sus sermoneos son un desacierto telenovelezco; un devaneo de aleccionamiento.

Se aleja Almodóvar de la materia puramente cinematográfica? Sí. Ya lo había hecho antes, en todas sus películas.

Pero en VOLVER hay un punto del no retorno. La crítica a la Televisión Basura es muy escueta; le falta la elegancia y la agudeza exhibidas en Kika (1993).

Pareciera que Pedro hubiera diseñado esta historia de abuso doméstico para una cartilla escolar de noveno grado en el área de Comportamiento y Salud. Está bien que trate de reclutar nuevas adeptos a su doctrina feminista; pero qué distantes están éstas líneas argumentales del vuelo filosófico alcanzado en libretos como el de Átame (1989)y de Mujeres Al Borde De Un Ataque De Nervios (1987).

Pedro Almodóvar no deja de ser ese último autor de culto que le quedaba a Europa. Muy seguramente va a arañar los Oscar el próximo 2007. Seguramente el New York Times va a volverse a batir en aplausos y el Village Voice lo va a volver a glorificar con decenas de artículos más. Pero este Almodóvar, de VOLVER, es un Almodóvar disminuido, un Almodóvar que ahora hace cine por compromiso. No dudamos que, en una próxima obra ,vuelva por los rumbos de su negra alegría.

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