junio 25, 2008

"No hay ley. Sólo la que hacés vos"



Hace poco, un amigo de Miami me dijo: "Dejá de escribir de política, escribí sobre cine, o sobre rock". Yo me dije para mí mismo,"con razón estamos como estamos". También pensé que una de las discusiones más importantes que se está llevando a cabo en el cine actual gira alrededor del tema del debilitamiento del estado frente a las grandes corporaciones. Digo importante porque de una vez por todas el pensamiento político ha llegado a los labios de los espectadores comunes y, sobre todo, de los jóvenes aquí en Estados Unidos. El tema de las corporaciones fue puesto de forma frontal sobre la mesa por el documental The Corporation a finales de la década pasada y desde entonces no ha parado la andanada de películas emitiendo su voz de alerta. Desde el cine independiente más recalcitrante (La Cuarta Guerra Mundial, por ejemplo) hasta los títulos más conservadores de Hollywood (In good Company, por ejemplo), se muestran preocupados por el avance corporativo en detrimento de los deberes constitucionales de una nación.

Qué ha hecho que una industria tan millonaria como el cine se vuelque a ventilar el asunto? Tal vez sea la certeza de que, de acuerdo a las nuevas dinámicas comerciales y los planteamientos neoliberales del coloso del norte, cualquier persona puede crear un micro-estado. También puede ser que ante tamaña eventualidad todos nos estamos sintiendo precariamente vulnerables. Lo cierto es que desde el momento mismo en que se firmó la ley de libertades civiles para los esclavos en Norteamérica se establecieron las condiciones para que la empresa privada aprovechara las oportunidades y fue ahí donde se armó Troya. Como quien dice la verdadera Tercera Guerra Mundial había nacido antes que la Primera y los países se habían entregado, convirtiéndose en enemigos pequeños ante la codicia reiterativa de las empresas.

Pero antes de profundizar en este punto, quisiera ahondar en otro aspecto mucho más preocupante. Bien es sabido que en el mundo estamos y la lucha cuerpo a cuerpo es inherente a la naturaleza humana. Lo que se hace de verdad preocupante es el papel de la prensa , esos legitimadores sociales de la verdad, ante el conflicto. Ante tanto auge de buenas intenciones y expresiones políticamente correctas no puede haber más que un encubrimiento de distracción. En Colombia, por ejemplo, la prensa fue cómplice por omisión de las barbaries más largas de la humanidad. Sólo ahora con el apogeo del Internet, los medios de comunicación oficiales se dignan a montarse en el bus de la victoria denunciando una situación de paramilitarismo que debió haberse denunciado desde hace cuarenta años atrás.

Será que a Hollywood le está pasando lo mismo? Será que el cine norteamericano, ese fenómeno de masas que tantas emociones ilusorias nos ha producido, está temiendo un enjuiciamiento de tipo político? Esperemos que en el mejor de los casos la conciencia humanista se haya apoderado de la industria más poderosa del cine, como parece estar pasando con los medios de comunicación colombianos. Todo esto antes de que los gringos se queden demasiado solos. 





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