junio 10, 2008

GRACIAS POR FUMAR, 2006

Cómo son de divertidas esas películas que, sin sacarte carcajadas, te mantienen todo el tiempo con una leve sonrisa en la boca. Una de esas sonrisas que vos no sabés si te estás riendo por la autovergüenza o por la reafirmación; una sonrisa en todo caso que te pone de patitas en el limbo de la risa y el llanto ("qué hago? Me echo a reír? sollozo? Me lanzo por una ventana?") , una de esas leves sonrisas de temblor en la comisura de los labios, que te revela en la encrucijada del espanto, la seducción y las ganas de pegarte un mordisco en el brazo.


Algo parecido a estas películas suele suceder cuando uno lee las entrevistas que le hicieron al escritor argentino Jorge Luis Borges. Uno de los grandes. Un monstruo con mayúsculas. Uno que se burló toda la vida de los conservadores haciéndoles creer que era de su equipo, hasta que un día sentenció "No creo que haya nada que conservar". Borges. El escritor de muchas preocupaciones éticas y pocas letras consecuentes. Uno que le enlodó la cara y puso en su lugar a los rojos siguiéndole la corriente a dictadores; Borges: uno que habló cara a cara con Pinochet como quien le lleva la corriente a un borracho, ó a un desquiciado, ó a un minusválido. Borges; ese mismo que dijo ante un elevador: "subamos por las escaleras que esta cosa no se ha acabado de inventar"; aquel Borges quien aseverara que los humanos moríamos inmaduros y que la prueba de ello estaba en un palo de golf entre las manos de un anciano; Borges, Borges, Borges, ese autor de Ficciones que siempre salía preocupado por la dimensión moral de sus personajes, mientras seguía incluyendo cuchilleros y héroes poco ejemplificadores en sus escritos, Borges: el dandy, cuasi inglés, que pensaba en lunfardo, el idioma malevo de los bajos fondos argentinos.

Y por qué relaciono a BORGES con la película GRACIAS POR FUMAR? Pues por los tiempos que corren. Por el cinismo. Porque GRACIAS POR FUMAR logra capturar esa esencia borgiana de criticar a quienes se auto-proclaman ilustrados santificados o santos iluminados. Con Borges tanto como con GRACIAS POR FUMAR no estamos hablando de un Alberto Fuguet que se ha pasado los dos últimos años tratando de demostrar sus cualidades humanas, mientras sus escritos demuestran lo contrario. En GRACIAS POR FUMAR no estamos hablando tampoco de un Hector Abad Faciolince tratando de venderse a la opinión pública como un escritor muy sensible, o como una víctima muy refinada y transitada por los mundos de las bellas artes.


Con BORGES tanto como con GRACIAS POR FUMAR, asistimos al espectáculo de un artista diciendo: no me merezco el Nobel, no me merezco el Oscar, pero me merezco el beneficio de la duda. Mirá, que son tiempos cínicos, compadrito!

Mirá que ahora Chávez se da el lujo de decir: "Sí, soy un tirano y qué? Tengo petrodólares, chamo; coharto la libertad de expresión y me cago en todos ustedes!", mirá que el presidente de Colombia reconoce sin ninguna clase de escrúpulos que es pro-paramilitarismo; mirá que la prensa en Colombia se está tomando la desfachatez de reconocer la injerencia católica en las decisiones estrictamente militares, periodísticas, jurídicas y civiles; mirá que Bush ... mirá qué cinismo ! Mirá!


Mirá, que en el fondo de esa gente que se hace tanta auto-propaganda de lo buena que es, tal vez haya sentimientos tan sórdidos, perversos y maléficos como en el corazón de los cínicos mismos. Acaso no será tanta palabrería, tanto drroche de buenas intenciones un mecanismo de encubrimiento?


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