mayo 25, 2008

Código 46

Este es el tipo de fábula en la que el espectador disfruta más del trasfondo que de la acción misma. Es el futuro y la civilización ha llegado al punto en que la gente se puede ganar la vida con sus poderes intuitivos. El hemisferio derecho de nuestros cerebros ha sido conquistado en su totalidad por la ciencia hasta el punto de sistematizarlo e incorporarlo en la carpeta de servicios de ciertas corporaciones. Los centros administrativos del mundo se han corrido a Africa a India y al Oriente, esos son los grandes paraísos soñados por los inmigrantes del futuro; ya no más París ni New York ni Barcelona. Hay enfermedades diseñadas y los virus son softwares que se consumen como quien se toma una especie de Prozac para desarrollar ciertas habilidades; el Correcaminos será una materia de estudio antropológico en los colegios y el mapa político se divide entre el adentro y el afuera, los lenguajes de han fusionado y hay unas leyes denominadas códigos para controlar la siempre caótica naturaleza humana; microchips en las yemas de los dedos donde están contenidas todas la historias del universo.




Y es que ya no hay que ser Julio Verne para avisorar algo como esto. Tampoco hay que rasgarse las vestiduras; el tono de la película no es apocalíptico ni premonitorio ni mucho menos profético. Por el contrario es un tono bastante celebratorio, la constatación de que vamos por buenos rumbos, de que el destino del hombre se perfecciona y que el amor siempre será un drama delicioso; no un melodrama doloroso y cruel de telenovela; más bien algo divertido, un juego de átomos flotando en el aíre y de configuraciones genéticas buscándose en el tiempo. Es la fiesta de la vida mezclada con toneladas de diseño y una banda sonora tan melancólica y protagonista como un desierto en una frontera.

Lo más interesante, de todos modos, es que CODE 46 es pro-mestizaje, su postulado es que en el futuro la gente demasiado similar no se podrá cruzar porque ello iría en contra del mejoramiento de la especie, o mejor, en detrimento de ella.Toman valor aquí todas esas teorías que hablan del silicio, ese elemento esencialmente compartido entre el alma humana y la materia prima del que están hechos los computadores. Todo va a estar controlado, tus movimientos; tus emociones completamente monitoreadas.

No es eso lo que queríamos al elegir a nuestros líderes actuales? Orden y purismo? Competencia?

Hay algo parecido a la nostalgia por el futuro? Hay algo que se llame tristeza-dulce cuando te paras de la butaca? Un aleteo de pájaros o de ángeles? Acaso, un pantallazo de luz?

Creo que sí y se llama CÓDIGO 46. Como ñapa va esta incidental actuación de MIck Jones.

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